Tomando la ruta nº9 norte se encuentra Villa Gral. Mitre. Esta situada al pie de las sierras entre lomadas cubiertas de abundante vegetación y surcadas por numerosos arroyos y vertientes. Conserva resto de lo que fuera una de las postas de la época colon.
En 1862, el gobernador de la provincia de Córdoba, Justiniano Posse, mitrista y pragmático, encontró más beneficios en nombrar a una localidad demostrando afecto al Presidente de la República y adhesión a un proyecto político, que rindiendo homenaje a un conjunto de juncos característicos de los abundantes bañados y vertientes de la región. Por ello, aquel antiguo y modesto caserío, conocido hasta entonces como El Totoral, por decreto del Gobierno de la Provincia, recibe el nombre de Villa General Mitre.
Bajo esta denominación, la villa ingresó al siglo XX con sus hermosas casonas que aún hoy bordean las sombreadas calles totoralenses, mientras surgían las instituciones que iban moldeando la personalidad del pueblo.
La sociedad de Villa General Mitre se fue desarrollando fragmentada en dos estamentos sociales bien marcados: una élite criolla, formada por un reducido grupo de familias, que se identificaba como clase alta; y el estamento humilde, población periférica y de carácter rural, prestadores de servicios a la elite. Con el tiempo, muchos descendientes de las familias tradicionales se fueron trasladando a las grandes urbes como Córdoba, Buenos Aires y Tucumán, pero en época estival, regresaban a ocupar sus privilegiadas casonas y cascos de estancias, y a recordarles al pueblo su posición y su apellido. De este modo, Villa General Mitre fue conociéndose como un sitio de veraneo exclusivo, y las instituciones se desarrollaron con cierta particularidad. En el caso de los clubes sociales y deportivos, Independiente y Colón surgieron de la emergente clase media urbana y rural, mientras que los veraneantes tenían su propio “Club de veraneantes Villa General Mitre”, actualmente denominado Club Totoral.
Distante del ferrocarril, la localidad donde cayó Berrú, no tuvo un continuo crecimiento pero sí un reconocimiento por su belleza urbana y natural. Las frías aguas del río Totoral humedecen los pies del cerro que sostiene la enorme escultura de Sarmiento, que vigila pétreo al pueblo que en 1974, por iniciativa del historiador Arnaldo Solsona, recuperaría el nombre de Villa Del Totoral.