A pocos kilometros de Villa General Belgrano. Apacible localidad ubicada a 90 km de la ciudad de Córdoba y a 42 km de Alta Gracia, con una altura de 900 metros sobre el nivel del mar. San Clemente cuenta con dos pensiones y un camping. Además se encuentra el Córdoba Trucha Club, una estación de salmonicultura la cual cada año siembra las nacientes de los ríos con alvenios. Para los apasionados del turismo aventura deben tener en cuenta que San Clemente es el lugar más cercano a la Quebrada del Condorito.
Siempre hay una estación en la que algunos paisajes se destacan más que otros y algunas imágenes se nos presentan más pintorescas. Caminar por las calles del centro de Córdoba en otoño, Carlos Paz en el verano, los pinares de Calamuchita teñidos por la blanca nieve del invierno. Todo es cuestión de gustos, que como si fuera poco, son absolutamente subjetivos. Con esta introducción, lo mejor ahora es describir cada uno de los rincones de San Clemente para que cada uno de los que leen, desde sus propios gustos y subjetividades, juzguen.El camino se pierde en la inmensidad de un paisaje que nos hace sentir ínfimas criaturas frente al poder de la naturaleza. A medida que avanzamos, nos vamos topando con los solitarios cauces del Río Suela y el San José, que sabemos, tiene como destino convertirse en el famoso Anisacate que baña las costas de los apacibles pueblos que limitan con Alta Gracia. Todo muy lindo y pintoresco pero estas pequeñas poblaciones se encuentran ya muy lejos y todo aquí es naturaleza virgen y sierra. Para situarnos temporalmente, lo mejor, es que sea primavera. Allí, entre la inmensidad que parece inmortal ante nuestro ojos, nos sorprenderá un bajo poblado de acacias que justamente en está época del año (por eso lo de primavera) explotan en mil racimos de flores blancas. A sus pies, se escurren las calmadas aguas de los arroyos Las Granadillas y Las Tazanas. En este paisaje se instala la preciosa localidad de San Clemente, que presenta orgullosa su capilla construida enteramente en piedra. Con sus pequeñas callecitas, este pueblo es un refugio que mantiene intacta la tranquilidad y la belleza, en medio de la inmensidad de Paravachasca. Esto no es todo. El equilibrio que la localidad presenta con el entorno natural se sintetiza cuando visitamos el Córdoba Trucha Club. Allí, en un dique especialmente preparado, darán nacimiento a miles de truchas. Las pequeñas crías permanecerán en el estanque por dos o tres meses. En octubre, se reparten las bolsas con los pequeños alevinos y socios y amigos del club se reúnen en una jornada especial, cada uno con una misión. Desde allí, recorren a caballo los senderos de la serranía, surcan en moto o autos las rutas más alejadas, caminan los rincones más inaccesibles del territorio cordobés y depositan las minúsculas truchas en cada una de las nacientes de los ríos de la provincia. En San Clemente, el mismo paisaje nos induce a remontar el camino que nos lleva a la imponente grieta de La Quebrada del Condorito. Una vez allí admiramos el espectáculo de la vida, los razantes vuelos del cóndor que se descuelga de las alturas para besar la tierra. Quizás entonces, lleguemos a percibir otra vez ese vacío en el estomago, esa sensación sentirnos ínfimas criaturas frente al poder de la naturaleza. No es de preocuparse, ya que para calmar el vacío sólo basta con pensar que aquel refugio de cristalinos cauces, que serpentean bajo la sombra de blancas flores, nos espera del otro lado de la montaña.